La Universidad incorporó medidas en tiempo récord para seguir funcionando a pesar de la COVID-19
Cuando se declaró el estado de emergencia, la primera decisión tomada en la Universidad de Santiago de Compostela fue buscar una persona que asumiera la dirección durante un proceso tan complejo. El rector propuso a Javier Ferreira, gerente de la USC, para llevar ese rol.
“A mí me escogieron responsable COVID porque yo soy muy tranquilo, no me alarmo con nada. Creo que todo lo que hicimos fue muy positivo porque actuamos con tranquilidad, sin desesperación”.
El siguiente vídeo resume algunas de nuestras preguntas a Ferreira, relacionadas con la respuesta de la universidad compostelana y el efecto que aún así tuvo la pandemia en ese centro.
La Universidad siguió funcionando… y no solo en pantallas
El profesorado de la USC tiene la edad media más alta de España, comentó el gerente de la USC. Siendo así, no es de sorprender que la brecha digital se impusiera como una dificultad para continuar la docencia, mucho más de la forma abrupta en la que se produjo el cambio.
“Creo que hasta finales de marzo (2020) no fuimos capaces de normalizar totalmente la actividad docente”. Si bien esa no es su área fundamental de trabajo, Ferreira considera que el proceso de adaptarse a la virtualidad sucedió con bastante normalidad para los docentes, sobre todo considerando que el claustro supera de media los 55 años, una edad bastante elevada.
Sí fue su responsabilidad garantizar las normas higiénico sanitarias, los medios materiales y todo lo que se necesitó para que la USC siguiese funcionando. Una universidad es más que aulas con estudiantes y profesores: existen laboratorios, centros de investigación, servicios, edificios administrativos…
De las 4 mil personas que trabajan allí, más de 300 siguieron haciéndolo durante el confinamiento. Eso implicó permisos de desplazamiento; en palabras de Ferreira fue “un operativo bastante complejo”.
Ayudas, ¿solo para la docencia virtual?
Desde la administración, la brecha digital fue uno de los principales problemas que se previó. Pero no solo la brecha de capacidades que afectó a algunos profesores, sino también el impacto que puede tener la falta de equipos adecuados o las condiciones de internet necesarias para seguir la docencia de forma satisfactoria.
La USC compró unos 500 ordenadores y previó un fondo para ayudas en caso de que algunos estudiantes necesitaran mejorar su conectividad. Pero la demanda no fue tan grande como esperaban, al menos en esos dos aspectos. Muy pocos profesores o PAS solicitaron esos equipos para seguir el trabajo desde casa, y fueron 50 los portátiles que se prestaron a estudiantes.
Para una población de 25 mil estudiantes, esta cifra es baja, lo cual quiere decir que la inmensa mayoría pudo valerse sin problema con el hardware que tenía en casa. “La demanda no fue muy alta, pero no quedó ninguna solicitud sin conceder”, resalta Ferreira.
No obstante, un problema que recuerdan tanto los estudiantes como los profesores estaba dado por la calidad de la conexión en zonas rurales. Aunque tuvieras un equipo con adecuadas prestaciones, e incluso pagaras una tarifa de internet sin que repercutiera en la economía familiar, eso no garantiza que la velocidad en casa sea idónea para seguir la docencia virtual. Pero la Universidad no podía llegar hasta ahí: “Estaba fuera de nuestras manos”, confiesa Ferreira.
Con respecto a las ayudas, en la Gerencia se llevaron una sorpresa: no fueron los medios tecnológicos aquellos más demandados ese año, sino las becas de comedor. El 80 % de los fondos destinados a ayudas se emplearon en estas becas. El Gerente tiene una teoría: al quedar muchos padres en ERTE (siglas de expedientes de regulación temporal de empleo), las economías familiares quedaron resentidas incluso después del confinamiento, en el regreso a clases.
“Como consecuencia de la pandemia, aprendimos que hay estudiantes que necesitan, por sus escasas rentas, algunos recursos para las cuestiones más básicas del día a día. Vamos a mantener este año estas ayudas y las vamos a consolidar de cara al futuro”, enfatiza Ferreira.
De vuelta a las aulas con una nueva estructura
El gerente Ferreira cuenta que, para responder a las nuevas necesidades organizativas derivadas de la pandemia, hubo que alterar completamente la estructura de la universidad.
Uno de los principales cambios fue el surgimiento de una jerarquía de responsables COVID a distintos niveles, que terminaba en los delegados COVID de cada Facultad, las conserjerías y un grupo de voluntarios entre los estudiantes.
José Sixto, profesor de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, asumió el rol de delegado COVID de su Facultad, en septiembre de 2020. Su función ha sido fundamentalmente garantizar un protocolo mediante el cual se hacía seguimiento de los casos positivos y su contactos dentro del centro, así como velar por el cumplimiento de las medidas higiénico-sanitarias.
En la estructura que previó la USC, se incluía el funcionamiento de los voluntarios, cuya función describe Sixto como un apoyo al delegado, que se podía traducir en vigilar si en un aula se había acabado el gel antibacterial, o si alguien se olvidaba de que la ventana tenía que estar abierta.
El programa de voluntarios solo funcionó durante el curso 2020-2021, el primer año académico mayormente presencial luego del comienzo de la pandemia. Al cambiar la realidad del virus en el país, es lógico que vayan relajándose algunas medidas. El propio rol de Sixto como delegado COVID también pudiera llegar a un fin, teniendo en cuenta la situación actual. Sobre esto, nos cuenta:
“Eso es algo que tendrá que determinar la Universidad. En inicio, aun sigue activa la figura porque sigue habiendo casos. Ahora mismo, el protocolo dicta que puedes venir a clase siendo positivo si no tienes síntomas, pero puede que una persona desarrolle síntomas, por lo que sí hay que seguir comunicando esos casos. De momento, sigue teniendo sentido, hasta que veamos cómo va a evolucionar la pandemia”.
Asumir un rol de este tipo no está exento de sacrificios. Al ser profesor e investigador, Sixto tuvo que simultanear las funciones de profesor, docente e investigador con otras completamente nuevas. En dependencia de la incidencia de casos o la instauración de nuevos protocolos, llegó a ser bastante trabajo.
Impacto económico de la pandemia en la USC (con infografías)
Un evento de tal magnitud como el confinamiento por el coronavirus, difícilmente es inocuo desde el punto de vista económico. En la Universidad compostelana, el principal problema fue la disminución de los ingresos.
El 2020 concluyó con una caída de 3.31 % de los ingresos del centro, mientras los gastos solo variaron en 0.9 % con respecto al año anterior.
En el siguiente gráfico, pueden apreciarse algunas de las causas de esa caída de ingresos, a partir de los precios públicos de servicios que sufrieron un descenso no despreciable durante el confinamiento. Entre los apartados donde más se apreció ese cambio fueron el uso de instalaciones o servicios universitarios varios, las residencias universitarias, la escuela infantil y los cursos de posgrado.
También influyó en el déficit la caída de ingresos por concepto de Patrimonio: al encontrarse paralizada la vida social, en 2020 se rentaron muy pocos espacios de la Universidad. Habitualmente, estas ganancias marcan la diferencia para la economía de la USC: por ejemplo, en 2017, los ingresos patrimoniales fueron de un millón 728 mil euros.
El impacto que tuvo en la universidad el descenso de los ingresos en 2020 estuvo agravado porque prácticamente no se ahorraron gastos. La hipótesis de que, sin estudiantes en las aulas, se ahorra dinero es falsa. Los edificios siguen consumiendo electricidad, en buena medida porque muchos de los que más gastan siguieron su actividad (los administrativos), o porque los laboratorios necesitan mucha energía para mantenerse.
En ese tiempo, según cuenta el gerente, no se cancelaron contratos de mantenimiento, e incluso hubo que hacer una inversión extra en acondicionar los locales según las normas de ventilación que indicaría el protocolo post-confinamiento.
Estas y otras circunstancias derivaron en un escaso ahorro de la USC en el año pandémico, mientras generaron mucho menos dinero.
En este contexto de impacto económico, el papel de la Xunta de Galicia fue fundamental para paliar el excedente de gastos. Javier Ferreira asegura que tuvieron una reacción rápida ante el problema, que también incidió en que se pudieran comprar determinados insumos como mascarillas sin que significara un sobrecoste.
Otros productos, como el gel hidroalcohólico, se abarataron considerablemente por una gestión interna de la universidad: el vicerrector Gumersindo Feijoo garantizó que se produjera en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería, con lo cual se pagó a precio de coste.
La respuesta de la USC y su impacto en la gente
De acuerdo con el criterio de Javier Ferreira, Gerente de la Universidad, estamos ahora en una situación 100% de normalidad.
No fue fácil llegar hasta aquí: la pandemia ha dejado muchos saldos, incluso en la salud mental de los estudiantes. Si bien no fueron muchos comparativamente con el total, 400 de ellos pidieron ayuda en la Unidad de Atención Psicológica. De esa cantidad, 84 fueron en los tres primeros meses de creada.
Para los trabajadores del centro, también hubo tensión. El promedio de edad del personal docente e investigador es de 57 años, y en el de administración y servicios es 54. No son personas jóvenes las que mayoritariamente trabajan en la USC, consecuentemente muchos son población sensible en el contexto de emergencia sanitaria.
A pesar de la elevada edad de su población, el gerente no recuenta muertes entre profesores y PAS de la Universidad.
Desde el punto de vista de trabajo y salario, el daño fue mínimo: las administraciones públicas como la USC no pueden hacer ERTE. Mucha gente se fue a casa con sus retribuciones, aun cuando no podían trabajar. Otros sí trabajaron, en remoto o en determinados edificios.
Solo los empleados de la sociedad y la fundación asociadas a la Universidad sufrieron recortes en sus pagos, aseguró Ferreira.
El impacto de esta crisis se vio a nivel económico, como argumentamos, por la pérdida de ingresos. Pero, en parte gracias a las ayudas extraordinarias, la USC está de nuevo en la normalidad. A juicio de Ferreira, él nunca percibió como insolventable la crisis asociada al coronavirus:
“Creo que puede ser más profunda la crisis que nos introduzca la guerra, y el cambio en la geoestrategia que está viviendo Europa”.