Innovación

Profesores y estudiantes de Galicia crearon soluciones innovadoras a la crisis de la pandemia

Cuando aparecieron los primeros casos de un nuevo coronavirus en Wuhan, China, en diciembre de 2019, la amenaza lucía lejana. Pero rápidamente la enfermedad se extendió por el mundo y, en marzo de 2020, mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaraba oficialmente la pandemia, Europa ya se había convertido en el epicentro de la crisis sanitaria global, con más casos y muertes notificadas que el resto del mundo junto, al margen de China. 

Tras dos años de la pandemia, los casos y las muertes causadas por la COVID-19 se cuentan por millones, pero no todos son saldos negativos. También hay quienes, en medio de esta adversidad, encontraron oportunidades para sacar lo mejor de sí, poner a disposición sus conocimientos y dar algunas respuestas. 

Este es el caso de Ana González Neira, profesora de la Universidad de A Coruña (UDC); Enrique Castelló, profesor de la Universidad Santiago de Compostela (USC) y Francisco Rodríguez, estudiante de la Universidad de Vigo (UVigo), cuyas iniciativas innovadoras buscan aportar soluciones a las demandas surgidas en el contexto de la pandemia, en cuanto a comunicación para la prevención, nuevas tecnologías para la educación a distancia y cómo mejorar la movilidad. 

El Blablacar de la Universidad de Vigo

“Estudiantes de Ingeniería Industrial idean un Blablacar para la Universidad de Vigo”. Así se titula la nota publicada por La Voz de Galicia, el 19 de marzo de 2021. Y mejor no podría bautizarse a este proyecto de aplicación móvil, ideado por Francisco Rodríguez, Daniel Sobrino, Jorge Posada, Laura Arufe, Amparo Seoane y Hervé Rodríguez, con el objetivo de facilitar el desplazamiento hacia el campus vigués.

Francisco Rodríguez, estudiante de máster Ingeniería Industrial de la UVigo, observó las dificultades que tenían las personas para llegar hasta la Universidad, que se encuentra bastante retirada del centro de la ciudad. En el contexto de la pandemia, no se podía compartir el coche con personas con las que no se convivía. «Muchos estudiantes recibían multas de tránsito, porque intentaban saltarse esta normativa, para evitar desplazarse en transporte público, por miedo al contagio de COVID-19″, comenta Fran, quien decidió buscar una solución

Uno de los planteamientos del proyecto incluía crear grupos burbuja, con las personas que compartían coche; y así, si hubiese un caso de un positivo de COVID-19, podrían rastrearlos de una manera más efectiva. Además, al disminuir el número de coches que accedía al campus, se reduciría también el problema de las plazas de aparcamiento, que se agravó en la pandemia. 

De la idea inicial de Francisco, refinaron todo el concepto en equipo. “Ideamos para qué casos podría ser útil, para universidades y empresas, y también cómo presentarla”, explica. Los estudiantes elaboraron una interfaz gráfica e interactiva para enseñar cómo sería la aplicación, cómo funcionaría, las diferentes formas de pago que admitiría y su viabilidad. 

Este proyecto formó parte de la asignatura impartida por el profesor José Luis González Cespón, Oficina Técnica y Proyectos, que busca incentivar el pensamiento creativo. El trabajo consistía en tener una idea, desarrollar su planteamiento y presentarla ante un público. La idea la desarrollaron mediante una metodología llamada design thinking.

Aunque no pudieron implementar el proyecto en la UVigo debido a las políticas de restricciones COVID-19, vigentes en el año 2021, Francisco se mantiene positivo respecto a las posibilidades de darle continuidad al proyecto. Comenta que una aplicación con estas características podría ser interesante para empresas medianas. 

CovidCO2: proyecto de divulgación para la prevención

Ana González Neira, profesora de la UDC, empezó a preocuparse por la concentración de CO2 y su relación con el contagio de la COVID-19. La sorprendía que, pese a la evidencia científica divulgada por José Luis Jiménez, experto mundial en aerosoles, las autoridades seguían insistiendo en comunicar a la población las medidas de prevención adoptadas al comienzo de la pandemia, cuando no se tenía suficiente información sobre el virus. El lavado de manos seguía a la orden del día.

Por esto, cuando Jiménez, quien es profesor de la Universidad de Colorado, Estados Unidos, lanzó la convocatoria para apoyar el uso de medidores de CO2 y la promoción de la ventilación para prevenir la transmisión de la COVID-19, González Neira no dudó en unirse a esta iniciativa. Es más, como comunicadora y docente universitaria, encontró la forma de motivar a sus alumnos a participar, introduciendo el tema como una práctica involuntaria en la asignatura que imparte. 

Así fue como se formó un equipo de nueve alumnos, que se apuntaron para colaborar con el objetivo de divulgar la importancia de la transmisión por aerosoles en el ambiente universitario. “Durante todo el cuatrimestre elaboramos una serie de productos audiovisuales, como carteles, animaciones y contenidos para redes sociales”, explica González Neira.

Productos comunicativos realizados por estudiantes vinculados a COVIDCO2

El proyecto formalmente duró lo que dura la asignatura y después los alumnos continuaron vinculados durante el curso 2020-2021, en el contexto de la pandemia. Actualmente, dada la baja incidencia de casos graves de COVID-19 y la progresiva vuelta a la “normalidad”, el proyecto es sostenido principalmente por la profesora González, quien mantiene la divulgación a través de la cuenta Twitter @Co2Covid.

El Servicio de Prevención de Riesgo de la UDC también ha colaborado con González para la difusión de los aerosoles con principal vía de contagio del SARS-CoV-2.

González está segura de que la medición de CO2 vino para quedarse, pues no solo está vinculada a la pandemia, sino también a la capacidad de que los alumnos puedan mantenerse lúcidos en las clases. “La concentración del CO2 impide la concentración mental”, explica. Esto sucede porque los niveles elevados de CO2 producen somnolencia. 

La UDC compró 50 medidores y los situó en diferentes espacios para monitorizar la capacidad de las aulas. Estos equipos tienen sensores y hay una estación que registra los datos, que después se analizan para la toma de decisiones. Si concentración del CO2 es alta, por encima de 700 ppm (partes por millón de masa de aire), hay más probabilidad de que haya virus circulando en ese lugar. Esto se puede mejorar ventilando los espacios.  

Cloud Class: virtualidad e innovación docente

El Grupo de Comunicación Virtual para la Innovación Docente (COMVIRTINDO), que pertenece al Grupo de Estudios Audiovisuales de la USC, desarrolla el proyecto “Cloud Class”, el cual apuesta por el uso de entornos inmersivos en tres dimensiones generados por computador (3D CGI, por sus siglas en inglés) tanto para completar la docencia presencial como para sustituirla por la docencia virtual a distancia.

El proyecto busca generar una solución de bajo costo que permita crear experiencias virtuales de aprendizaje más atractivas, interactivas e inmersivas para los estudiantes. Y, no queda dudas, lo oportuno de su desarrollo, en el marco del confinamiento, cuando hubo que virar la docencia fundamentalmente presencial hacia la virtualidad. 

Enrique Castelló, profesor de la USC y miembro del grupo COMVIRTINDO, explica cómo las herramientas tecnológicas que hubo que utilizar por la urgencia, como Teams, Google meet o Zoom, en su momento funcionaron bien, pero sería un problema mantenerlas en el tiempo. 

“Lo que no podemos hacer es plantear que unas herramientas, que sirven perfectamente, y que están diseñadas para hacer videollamadas y video reuniones se conviertan de la noche a la mañana en herramientas educativas, simplemente porque les implementan un repositorio de materiales y unas herramientas de evaluación”, subraya. 

Cloud Class es un proyecto a tres años que va más allá del ámbito de la USC. Está respaldado por la empresa española Brainstorm Multimedia, que busca adaptar su tecnología a usos docentes, y tiene una financiación importante por parte del programa Eureka Eurostarts.

También es un proyecto internacional. “Hay una parte de investigadores holandeses, británicos y españoles de diferentes comunidades autónomas, con lo cual intentamos adaptarnos a una realidad compleja, en las que hemos tenido que compartir muchas cosas, porque la pandemia nos hizo iguales a todos”, asegura Castelló, quien espera que en esos 3 años sean capaces de dar una buena respuesta a las demandas que actualmente se tienen con la docencia virtual a distancia o presencial, síncrona o asíncrona.

Castelló, y el grupo COMVIRTINDO, consideran que la potencialidad del uso de estas tecnologías va más allá de la docencia a distancia impuesta por la pandemia. Quisieran poner a la disposición de sus alumnos herramientas como gafas de realidad virtual, cascos sensoriales u holografía, porque “cuando uno accede a una realidad 3D, que puede manipular, el aprendizaje se dispara”, sentencia.