PAS

El fenómeno de la multiplicación del trabajo administrativo y de servicios durante la COVID-19

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Atención Psicológica de la USC: una Unidad creada en pandemia

El Servicio de Prevención de Riesgos de UVigo y su avalancha de solicitudes

Quizá el personal administrativo y de servicios, denominado PAS, no es en lo primero en lo que se piensa al hablar de Universidad. Pero ellos, tanto como los profesores y alumnos tuvieron que adaptarse a los cambios impuestos por el confinamiento. 

Para este reportaje, se entrevistó a las encargadas del Servicio de Prevención de Riesgos de la Universidad de Vigo (UVigo), María José Montero y Carmen Álvarez, y a la coordinadora de la Unidad de Atención Psicológica de la Universidad Santiago de Compostela (USC), Ana López Durán. En ambos casos, la pandemia trajo consigo una avalancha de solicitudes.

Atención Psicológica de la USC: una Unidad creada en pandemia

En vista de que la crisis sanitaria por la COVID-19 se alargaba, incluso más allá de lo imaginable, la gerencia de la USC observó la necesidad de cuidar la salud mental de los estudiantes. Para ofrecer respuestas, convocaron a los expertos. López Durán, quien es profesora titular de la Facultad de Psicología de esta Universidad, sería la coordinadora de la Unidad de Atención Psicológica de la USC.

La Unidad se puso en funcionamiento en mayo de 2021. López confiesa que, al iniciar la atención en época de exámenes, consideraron que no tendrían mucha demanda, pero “el primer mes fue sorprendente”.

“Fue abrumadora la cantidad de correos electrónicos que recibimos. Entonces, desde ese momento, no ha parado de llegar. Seguimos con lista de espera porque no podemos atender a semejante volumen”, asegura López.

El impacto que la pandemia ha tenido en la salud mental de toda la población es indudable. “La situación que hemos vivido durante estos años es algo completamente novedoso y eso siempre implica una adaptación a las nuevas circunstancias”, explica.

Para la especialista, esta situación es particular para los estudiantes que inician la Universidad. “Es una etapa de la vida de muchísimos cambios, dejas tu familia de origen, tienes que encontrar nuevos amigos, empezar a estudiar una carrera, que te puede gustar o no. Puedes tener unas expectativas que realmente no son las que tú pensabas”.

A todo este panorama se le suma el miedo al contagio propio y de los seres queridos, y la incertidumbre por el futuro profesional y económico. 

En cuanto a lo que han encontrado en consulta, comenta que sobre todo tienen mucha sintomatología ansiosa y depresiva: “Hay problemas de concentración, problemas para dormir, dificultades para poder organizarse, porque se han perdido las rutinas… todo eso repercute en mucho cansancio y muchas dificultades para concentrarse”.

Ana López, psicóloga al frente de la Unidad (USC)
Aun hoy, la mayoría de las citas se concretan de forma virtual.

Asimismo, el aislamiento ha causado dificultades para establecer nuevas redes. “Antes llegaban los estudiantes a Santiago y, bien en clases o en fiestas o en las residencias, rápidamente creaban nuevos vínculos. Ahora ha sido mucho más complicado”, asegura López.

De cara al futuro, Ana López considera que, si llegase a presentarse una situación similar, estaríamos más preparados. Existe ya una experiencia previa y hemos aprendido, por lo que no nos generaría tanta ansiedad y tanta incertidumbre. El problema está, explica, en si hablamos de algo que se va a repetir ya, “la sobrecarga emocional que tenemos es tan fuerte que va a ser difícil sobrellevarlo otra vez, volver a meternos en casa y tener ese miedo. Todo suma. Es cierto que aprendemos, pero también necesitamos respirar un poco”, sentencia.

El Servicio de Prevención de Riesgos de UVigo y su avalancha de solicitudes

En el Servicio de Prevención de Riesgos de la UVigo el cambio de la dinámica con la pandemia fue total. “En lugar de dedicarnos a la ergonomía o a la seguridad, nos dedicábamos al COVID-19. Normativa cambiando cada día y nosotros intentando adaptarnos a toda esa normativa”, explica Carmen Álvarez, técnica superior del Servicio. 

Y subraya su compañera, María José Montero: “Recibimos una avalancha de solicitudes del personal vulnerable, preguntando si eran o no eran, teníamos que tramitar todo eso. Normalmente a las 8 am estábamos delante del ordenador y a las 12 de la noche, a veces más tarde, continuábamos”. 

Además de las solicitudes que llegaban, tenían que actualizar las normativas, en un entorno cambiante. “Solamente el protocolo de los Servicios de Prevención tuvo unas 19 ediciones, aparte de los decretos, la normativa estatal y la normativa autonómica que teníamos que consultar”, explica Álvarez.

Las dos integrantes del Servicio de Prevención de Riesgos, UVigo
Jornadas de más de 8 horas se hicieron comunes para las trabajadoras del Servicio

Para estar al día con estos cambios y ajustar los procedimientos, ambas tenían que consultar diversas fuentes. Principalmente, el Ministerio de Sanidad y la Consellería de Sanidade, que es el Servicio Gallego de Salud, conocido comúnmente como SERGAS. También verificaban otras fuentes como el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo. 

En medio de esa avalancha de trabajo, se organizó un comité COVID y, cuando se reincorporaron a la Universidad, se organizó también un responsable COVID por cada centro. “Cada edificio tenía uno o dos responsables COVID y ellos eran los encargados de recoger las comunicaciones de los positivos, de los contactos estrechos, eso también lo llevábamos aquí”, explica Montero. 

El campus de la UVigo es disperso, está distribuido entre las ciudades de Vigo, Ourense y Pontevedra, y cuentan con muchos edificios. En el Servicio de Prevención de Riesgos solo están dos técnicas superiores, María José y Carmen, una técnica medio que les ayuda y dos personas de personal administrativo.

Edificio Filomena Dato, UVigo
El Servicio radica en el edificio Filomena Dato, del campus Vigo Tecnológico.

Para organizarse, establecieron reuniones semanales en remoto, un día con todos los delegados COVID y otro día con el comité COVID.

La señalética y los afiches informativos relacionados con el coronavirus surgieron de la sinergia entre el Servicio de Prevención de Riesgos y Comunicaciones de la UVigo. 

Montero también recuerda el apoyo que recibieron del personal de conserjería, quienes colaboraron en la colocación de la señalética para la prevención de la COVID-19 en la Universidad. “Somos dos personas para todo eso, era imposible que fuéramos por todos los edificios”, comenta.

 
Cartel UVigo
Este es uno de los diseños para la señalética COVID en UVigo

Hoy, de vuelta en su lugar de trabajo y reencontrando la normalidad, miran hacia atrás y confiesan que no pensaron que fuera a durar tanto tiempo. Fue una experiencia dura, laboral y personalmente. “Nos influyó de forma negativa, porque tu familia estaba viendo que estabas dedicándole muchísimas horas al trabajo y menos horas a la familia. Para mí trabajar desde casa fue una experiencia horrible”, asevera Álvarez. 

Y la secunda Montero, al asegurar que esta experiencia fue similar en los técnicos de las otras universidades de España, con quienes comparten un grupo de Whatsapp. “Veíamos que todos estábamos pasando por lo mismo, según comentaban era una locura. Los viernes salía la normativa gallega y teníamos que actualizar otra vez. Para nosotros, a este servicio no podemos decir ni que se le triplicó el trabajo: el aumento fue al 1000%, una locura”.