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La docencia virtual como alternativa al confinamiento

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Docencia virtual: ¿el futuro llegó demasiado rápido?

La nueva presencialidad, sujeta a protocolos

Si tuviéramos que confinarnos de nuevo… (+ vídeo interactivo)

 

José Luis González Cespón enseña a sus estudiantes a buscar soluciones. Para la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Vigo, resulta indispensable que los alumnos reciban una formación que los ayude a pensar, abordar los problemas desde diferentes aristas y formular así proyectos creativos.

El profesor José Luis, como muchos otros, se enfrentó por sí mismo a un problema en marzo de 2020. Un problema al cual no todos los docentes encontrarían la misma salida, incluso teniendo en cuenta que muchos compartían protocolos y herramientas. Por ejemplo, Cespón y el colega con quien imparte su materia, decidieron grabar vídeos cortos para los contenidos esenciales, que luego profundizarían en encuentros virtuales.

Esa metodología nadie se la impuso. Quizá por el contenido de su materia, o quizá por su sentido común, él comprende que las universidades necesitaban buscar soluciones rápidas y efectivas durante la crisis pandémica, aunque no fueran las ideales.

“Globalmente, yo no tengo queja: era una situación nueva, diferente, y hubo que tomar decisiones. Se buscó lo mejor, de la mejor manera posible. ¿No es lo que uno esperaría? Tampoco había otra cosa”.

Jose Luis González Cespón, en la Escuela de Ingeniería de UVigo
El profesor González Cespón, de UVigo, buscó soluciones innovadoras dentro de la docencia virtual.

Docencia virtual: ¿el futuro llegó demasiado rápido?

Tanto Xoel, estudiante de la USC, como el profesor González Cespón de UVigo pensaron que el confinamiento no pasaría de un par de semanas. Pero la situación pandémica se agravó, y tanto el profesorado como el alumnado se hicieron a la idea de que estaban viviendo un momento único.

“Mientras la situación se alargaba, la Universidad se involucró más. La UVigo tomó una serie de decretos. Al final, empleamos una herramienta que existía, pero cuyo uso era más colateral, para basar la enseñanza en ese momento”, cuenta González. El software para el campus remoto era propiedad del centro, y se puso en funcionamiento en prácticamente una semana.

Esta herramienta permitía la interacción con los estudiantes y el desarrollo de clases virtuales sin mayores problemas. Pero el software es solo una parte de la tecnología, la otra (quizá más importante), la aportan los usuarios de ella.

Según José Sixto García, profesor de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Santiago de Compostela, “todo el mundo hizo un esfuerzo importante, que permitió mantener los niveles de calidad y de docencia que eran exigibles, prácticamente equiparables a lo que podía ser una docencia presencial”.

La brecha geográfica disminuye, pero aumenta la tecnológica

Para Sixto, hubo un proceso de adaptación por ambas partes. “Esto nos sirvió para darnos cuenta de que la docencia online tiene muchas más ventajas de las que conocíamos en un principio. Nos permite realizar otro tipo de dinámicas, otro tipo de ejercicios con el alumnado, y desde el punto de vista laboral ha servido para demostrar cómo el teletrabajo es una forma para desarrollar la actividad profesional diaria igualmente válida y que permite obtener los mismos resultados que el trabajo presencial”.

José Sixto García, en su despacho de la Facultad C. de la Comunicación, USC
El profesor José Sixto García, además de sus funciones como docente, asumió el rol de Delegado COVID.

En la Universidad ocurrió lo mismo que en otros sectores, donde la pandemia al menos ayudó a que se repensara la presencialidad como condición indispensable para el desempeño profesional. No obstante, antes de que eso ocurriera, la situación impuesta por el coronavirus sacó a la luz los inconvenientes de la virtualidad que nunca antes habíamos experimentado.

La publicación Perspectivas sobre la competencia informacional y digital de estudiantes y docentes de Ciencias Sociales antes y durante el confinamiento por la Covid-19, cuyos autores son investigadores de tres universidades españolas, asegura que los profesores participantes en el estudio se califican como personas con dominio de competencias digitales, pero tienen dudas sobre su capacidad para transmitir dichas competencias al estudiantado, tratándose muchas veces de grupos numerosos que dificultan el trabajo personalizado.

Por el contrario, en la entrevista a estudiantes realizada para este reportaje, varios de ellos hicieron referencia a que eran algunos miembros del claustro quienes tenían dificultades para adaptarse al nuevo escenario virtual.

De acuerdo con el profesor González Cespón, fueron tres los problemas fundamentales en la aplicación de la docencia virtual: aquellos alumnos que viven lejos y no tienen una conectividad adecuada, los profesores que tienen alguna carencia digital, y, por último, que una parte de los docentes hizo poco por sus estudiantes.

“Los que hicieron poco son los menos, los que hicimos más fuimos muchos”, acota González Cespón.

Mirar hacia adelante con otras tecnologías

El artículo Educación a distancia en tiempos de COVID-19: Análisis desde la perspectiva de los estudiantes universitarios, redactado por profesores de la Universidad de Extremadura, explica cómo el cierre temporal de las aulas representó una barrera tecnológica para los docentes que, una vez superada, se convierte en oportunidad.

“La importante inversión en recursos humanos y económicos realizada por las universidades presenciales debe ser capitalizada y orientada a ampliar su oferta educativa convirtiendo algunos títulos presenciales en títulos en la modalidad blended-learning o completamente online. Muchos han percibido las posibilidades de ampliar un mercado, el de las universidades virtuales, que ofrece ya una gran diversidad de titulaciones”, refieren los autores del artículo. 

Al inicio de este texto, ya comentamos la iniciativa de José Luis González Cespón al producir cápsulas de vídeo con los contenidos, que podrían verse bajo demanda cada vez que lo necesitara el estudiante. También grabaron las clases virtuales, previendo las no pocas veces que un alumno tuviera problemas para conectarse durante el tiempo asignado a la clase. En ellas, aportaban los ejemplos y explicaciones más profundas que no cabían en el espacio de 10 o 20 minutos de los vídeos antes mencionados.

La comunicación docente-alumno es diferente cuando está mediada por una pantalla. La sensación de aislamiento es bastante frecuente y mucho mayor que el contexto presencial. A todo esto, se suma el impacto psicológico del confinamiento, según explican los profesores extremeños Cambero, Pérez y Vázquez.

Teniendo en cuenta que los canales de comunicación empleados para la enseñanza solían ser el correo electrónico, foros y chats, se puede hablar de un modelo asíncrono dependiente de herramientas más frías que la comunicación personal. Según el citado artículo, este es un aspecto relevante al considerar el riesgo de abandono asociado a una desvinculación entre estudiantes y profesores.

El Gerente de la Universidad de Santiago de Compostela, cuya entrevista completa está disponible en este apartado, comentó que la deserción escolar se incrementó un poco en su centro durante ese curso: aproximadamente 200 alumnos más que años anteriores. Sin asegurarlo con total certeza, él considera que pudo estar relacionado a la situación de crisis económica, pero también a la no presencialidad.

La nueva presencialidad sujeta a protocolos

José Sixto García, quien además de ser profesor de la USC asumió en septiembre de 2020 la función de delegado COVID de su facultad, considera que el regreso a las aulas ocurrió en el momento oportuno.

“La pandemia nos había sorprendido a mediados del segundo cuatrimestre del curso 2019-2020. En ese curso, ni la situación sanitaria ni las condiciones permitían un retorno a la presencialidad. Sí tuvo sentido al inicio del nuevo curso”, señala García. 

Llegó septiembre, y las aulas presenciaban mucha más alegría y asistencia, recuerda el profesor González Cespón. Sin embargo, los nuevos protocolos y medidas hacían de la experiencia universitaria algo bastante distinto a lo que recordaban estudiantes de años anteriores.

Ana González Neira, profesora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de A Coruña, destaca el trabajo del Servicio de Prevención de Riesgos de su centro. “Aquí se han esforzado un poco en mantener una serie de normas dentro del caos normativo que ha sido la pandemia”.

Ana González Neira, en su despacho de la Facultad de Comunicación, UDC
La profesora Ana González creó, a partir de su asignatura, un proyecto de divulgación de salud en UDC.

Por supuesto, cada centro debió adaptarse a normativas estatales que cambiaban según evolucionaba la situación del virus en el país. La ventilación de los espacios, la señalética, obligatoriedad de la mascarilla, higienización de manos. Medidas aplicadas no solo en la Universidad, sino en todos entornos de la vida. 

El seguimiento a los casos sospechosos o positivos de COVID-19 fue otra de las tareas que más ocupó durante el curso que comenzaba. Cuenta Ana que la UDC era muy estricta en este sentido, motivando que las personas se fueran de baja ante cualquier sospecha. Luego cambiaría la normativa estatal con respecto a ese y otros temas.

Medidas de seguridad: no son solo carteles en la pared

Desde su posición en la USC, Sixto destaca la disciplina del alumnado y profesorado a la hora de acatar las medidas. Dentro de la comunidad se entendía que “no era capricho nuestro”, y que la incidencia de casos dependía del rigor con que se cumpliera el protocolo.

Incluso hubo algunas normas que, estando previstas, nunca tuvieron necesidad de emplearse. Así pasó con la sala de aislamiento COVID: en ella se suponía que apartaran a cualquier caso sospechoso dentro del recinto. Sixto asegura que en su facultad no fue usada, aunque desconoce qué pasó en otros edificios.

Si bien existían normativas estatales, hubo aspectos que dependían un poco más de la iniciativa de cada Universidad. Ana González, quien también lideró el proyecto COVIDCO2 surgido en su facultad, destaca la disposición de UDC a controlar la concentración de dióxido de carbono en espacios cerrados como una forma de prevención ante el coronavirus.

La Facultad de Informática de A Coruña diseñó un sistema mediante el cual se distribuían y monitoreaban 50 medidores adquiridos por la UDC. Según cuenta la profesora (y también la web del centro) UDC fue de las primeras universidades en España en emplear estos aparatos.

La Universidad de Santiago de Compostela también tiene público en su sitio web un protocolo de uso de medidores de dióxido de carbono en espacios cerrados.

Mascarillas, contagios y otras polémicas

La profesora Ana González cuenta cómo el rector de la Universidad de A Coruña le prometió que el empleo de mascarillas en las aulas permanecería hasta final de curso 2021-2022. Pero, como cada centro se subordina a las normativas estatales, el rector no pudo mantener su palabra.

Prueba de esta voluntad son estos dos comunicados de abril de 2022, aún recuperables en la web, que con muy poco tiempo de diferencia cambiaban el carácter obligatorio de las mascarillas a la condición de “altamente recomendado” en espacios interiores de la Universidad.

Normativa mascarilla UDC
Muestra de ambos comunicados de la UDC, con pocas horas de diferencia, sobre el uso de mascarillas.

Al conocer estas anécdotas, viene a la mente la sentencia del profesor González Cespón: “se buscó lo mejor”. Él también recuerda, desde su rol como director de la Universidad de Mayores de UVigo, que en ese sector más vulnerable no se apreció riesgo dentro de las aulas universitarias. Los pocos casos de los que tuvo constancia, siempre declaraban que la transmisión había ocurrido en otro sitio.

“El uso de la mascarilla fue un elemento protector bastante efectivo, y no he percibido un contagio dentro del propio centro”. También lo considera así Sixto, quien añade que era prácticamente imposible que estos ocurrieran si se cumplía el protocolo. “Y se cumplió”, sentencia.

Si tuviéramos que confinarnos de nuevo… (con vídeo interactivo)

¿Lecciones aprendidas? Muchas: entre ellas que la docencia virtual es una herramienta factible y que las tutorías presenciales pueden evitarse para ahorrar desplazamientos, porque las herramientas ya disponibles están para usarse.

Cabría pensar que estamos algo más listos ante la perspectiva de que el confinamiento se pueda repetir en un futuro, sea por una nueva ola de coronavirus o cualquier otra circunstancia que nadie quiere que suceda. Y lo estamos, al menos según la perspectiva de los tres profesores entrevistados.

Pero es importante, a juicio de Ana González, recordar la esencia de cada universidad: “No perdamos el norte de que somos una universidad presencial: entonces tenemos que volver a nuestros orígenes y extraer lo mejor que tiene la docencia online para incorporarlo a la experiencia de presencialidad”.